Desde siempre ha existido una suerte de debate encubierto con respecto de los verdaderos estándares de calidad que deben guiar el proceso de formación integral de una persona. Las Instituciones de Educación Superior, en muchos casos que he conocido, se lamentan de las deficiencias en el bagaje cultural que traen los alumnos desde los escalones académicos inferiores; esencialmente de la enseñanza media. Es natural, pero no obvio que el resultado de estos procesos se focalice en el proceso de enseñanza-aprendizaje de nuestros alumnos y que los “conductores” de estos procesos deban ser el foco de la discusión con respecto de los magros resultados obtenidos.
Cuando se habla de magros resultados, siempre se emplean como referencias ciertos indicadores, los cuales son conocidos por diversas siglas, no obstante responden a los resultados que se esperan del proceso de enseñanza-aprendizaje-proyección y en consecuencia a las competencias que han sido obtenidas por alumnos (as) durante el proceso de estudios en los ciclos de estudios afectos a una medición dada de conocimiento global e integral.
Tengo la convicción que el gremio de educadores en Chile, ha sido por décadas incomprendido y el esfuerzo noble y responsable de muchos profesores (as) no ha recibido el reconocimiento adecuado de padres y apoderados. Adicionalmente, los gobiernos de turno, han invertido del erario cantidades importantes de dinero de modo de responder a diversos problemas desde la colación, útiles, sueldo de profesores, jornada completa, etcétera. El dinero ha sido gastado y los resultados a juicio de muchos (as) son inferiores a los esperados. Existe una tarea importante por realizar, la cual consiste en auditar los fondos y observar con detalle y acuciosidad las componentes de gestión y de administración de éstos, con el propósito de responder frente a los contribuyentes del uso de sus impuestos y de la riqueza que crean para la sociedad.
Se dice que hemos avanzado como nación en el tema de la transparencia, no obstante existen elementos fundados que, permitirán sugerir la existencia de excesivas zonas grises, las cuales impiden formarse una imagen de la verdadera realidad, en este caso en una plataforma educacional.
Estos elementos enunciados en forma genérica, en los párrafos anteriores, responden a una imprecisa y deficitaria definición de transparencia. En diversas oportunidades, he escrito con respecto a la imprescindible probidad y equidad en la distribución de la riqueza, por cuanto esta es la única forma que conozco en la cual podemos progresar como sociedad. Es preciso entregar herramientas válidas a ciudadanos (as) del país, para que se produzca progreso en un ganar y ganar digno y responsable. En este sentido, siento que estamos en deuda con muchas personas a nivel país y esto producirá climas enrarecidos y estallidos sociales de envergadura.
El hacer política significa disponer de una capacidad probada y de un alto grado de credibilidad, debe existir coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, de modo de alzar la frente y mirar a la cara de nuestros semejantes. Me temo que en esta guerrilla de palabras, en un sentido y en el otro, solo ha ganado la mediocridad y al respecto, es preciso contribuir con buenas ideas a los cambios y ajustes estructurales que es preciso realizar para mejorar, por ejemplo la educación en todos sus niveles. A todos nos ha tocado leer un conjunto de recomendaciones con respecto de la necesaria acreditación de estos proyectos y muy en particular en la educación, motor indispensable para el desarrollo de una nación integrada en una economía globalizada. Creo, en los hombres sabios, en consecuencia es aconsejable convocar a personas con amor por el prójimo y por su patria a contribuir con un proyecto educativo para Chile. Nuestro país “mira con asombro e impotencia” como tan pocos (nuestra población es del orden de 16 millones de habitantes) somos capaces de hacer tantas cosas incorrectas, sabiendo que el fracaso está antes de la vuelta de la esquina.
Debemos crear un sentido de pertenencia y cuidar lo que tenemos, avanzando de acuerdo a una carta de navegación acordada y que va mucho más lejos que una simple y estéril discusión de personas con una educación incompleta. No bastan los títulos y grados académicos, se requiere aprender a hacer bien las cosas y de acciones que apunten en la dirección y sentido correcto.
Los temas a discutir, forman parte de un debido debate académico de buen nivel con las personas adecuadas y todos esperamos que nuevas caras sean convocadas para esta magna tarea, considerando los fracasos de tantos esfuerzos realizados. Existen personas iluminadas, pero no abundan en Chile de modo que es importante buscar con independencia de elementos externos a lo educacional, a los mejores y más talentosos. Existen pero no están en exposición regular y sistemática, se trata de personas que trabajan duro por mantener nuestra actividad a una altura digna y responsable.
Roberto Acevedo
16/Febrero/2010.
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Concuerdo Profesor, es más, si me permite un comentario al respecto de su reflexión. De niño aprendí (nací el ‘73) que el nuestro era un pais pobre y por ende debíamos trabajar duro para ganar nuestro sustento, con el correr de los años me fuí dando cuenta, al conocer otros paises y realidades que nuestro país es extremadamente rico en recuersos naturales, renovables y no, sólo por nombrar algunos (cobre, molibdeno, litio, potasio, yodo, celulosa, prodcutos del mar, agricultura, etc.) y siendo tan pocos habitantes no es posible que tengamos los niveles de vida en que nos encontramos (salud mental, estabilidad laboral, educación, salud, etc.). Es necesario mirar a países como Japón, Holanda, Israel que aún no teniendo practicamente recursos naturales, valoran en demasía el recurso más importante, cuál es, el recurso humano. Si como país invirtieramos una fracción de lo invertido en sacar del país 1 tonelada de cobre en la formación de un niño, seguramente lo que nos podría ‘rentabilizar’ esa inversión sería inconmensurablemente más que la tonelada de cobre sacada de la tierra.
Acá falta que los grupos políticos y económicos se den cuenta que para ver realmente un logro tangible se requieren 20 años. Esto es lo que demora una sociedad en crear, mantener, presentar y gozar de sus logros en lo que a una mejora sustancial en cultura y nivel social se refiere. Son dos geneaciones consecutivas las que hay que educar, alimentar, dar salud y preparar para una profesión de alto nivel con el objetivo de tener un ímpetu estructural y social.
Los chinos hicieron esto durante 4 decadas y no han parado en eso, claro está que no lo pudieron hacer con todos. Japón comenzó mucho antes. Singapur, Corea y Malasia son otros ejemplos.
El contraejemplo es Rusia, quien tras la caída de del régimen comunista perdió una generación y el vacío que dejó hoy se hace notar separando la población en castas sociales y económicas, algo muy parecido a lo que es este país.
En resúmen, independiente del despilfarro de recursos que la Concertación acometió en su loco afán de mostrar su lado humano y social, que debe ser una fracción del 30% de todo lo invertido, debe quedarnos claro que no estamos en condiciones de retroceder en políticas eduacionales ya que se pierde la continuidad.
Esto es muy parecido a lo que ocurría a comienzos de siglo cuando las familias tenían más de 8 hijos. El objetivo era que a falta de un sistema de previsión, la pareja que formaba la familia aseguraba su futuro teniendo hartos hijos sanos.
Extrapolando el ejemplo a Chile, “hijos sanos” significaría “chilenos con educación completa y una profesión técnico-universitaria”. Con eso la “familia” que en el ejemplo es Chile, aseguraría su fututo, el pleno desarrollo del país.
Con Piñera esto no debe parar.
Finalmente, se siente una clara ausencia de la familia en cuanto a educación se refiere. De hecho, ya se postula que la familia, para la eduación en Chile, es el antagonista principal de los magros resultados. Si la familia no promueve los valores a sus hijos, si no repite la educación que en el colegio reciben sus hijos y endilga la responsabilidad total al estado del futuro de sus hijos está comprando boletos de lotería para el bienestar de su descendencia. Este es el problema fundamental por el cual la Revolución Pingüina llegó a absolutamente nada, si se suman logros y retrocesos, ya que los apoderados jamás fueron partícipes del movimiento. Estaremos en presencia de una crisis valórica en este pais?